Muchos han sido los pueblos que poblaron esta zona. Un buen ejemplo de
esto son los brigecienses, cuyo centro, Brigecio, aparece nombrado en el
itinerario de Antonino. La ciudad no siempre se llamó Benavente. Malgrat
era su nombre a principios del S. XII, y en esa época estuvo vinculada
con el proceso de repoblación que llevaron a cabo los monarcas leoneses.
Hablando de reyes, el rey más importante para la ciudad fue Fernando II,
que le concede a Benavente la Carta Foral. Además, se celebró en la
ciudad el Convenio de Benavente, mediante el que se unen las coronas del
reino leonés y el de Castilla en la persona de Fernando III.

Incluso nos fueron concedidos numerosos privilegios reales.
Todo esto hizo de Benavente un lugar de renombre en la época.
Mientras reinaba Enrique III, Benavente fue entregada como condado al
caballero portugués Don Juan Alfonso Pimentel, tronco de una dinastía
nobiliaria que se mantendría inmóvil hasta el S.XIX, y que le concedería
a la ciudad todo el esplendor y la vida que cualquier ciudad querría.
Durante la Guerra de la Independencia la ciudad y su alcázar fueron
atacadas por tropas napoleónicas, lo que dejó huella en la fisonomía de
la ciudad, pues muchos edificios principales se vieron afectados.
Ya en la Restauración la burguesía local adoptó un importante papel en
el desarrollo político y económico de Benavente.
El título de ciudad fue concedido a Benavente en 1929 por Alfonso XIII.
En la actualidad Benavente es una de las ciudades con más futuro de la
comunidad de Castilla y León, gracias a su dinamismo económico y
privilegiada situación geográfica.